Nuestras costumbres están cambiando. Ya no se comparte el mate. Ya hay algunos que no saludan con un beso; yo todavía lo hago, pero no es un beso, sino una unión de mejillas con un “chuick” en el aire. Los que viajan en transporte público son mirados de soslayo. El enemigo está entre nosotros.

Hoy fui a un shopping y noté los efectos de la invasión. El lugar estaba casi vacío, aunque había gel antiextraterrestre gratis en los pasillos. Cuando fui a pagar el estacionamiento el cajero había tapado con un plástico la abertura destinada a la comunicación, a la altura de la cara. Claro, para que no le suspiren encima.

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